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Su biografía se convirtió en una película biográfica hace 30 años, e incluso antes de eso, los detalles de su vida eran de conocimiento común. Nació Anna Mae Bullock en la pobreza en Jim Crow South en una pareja en un matrimonio abusivo y sin amor, y ambos padres la abandonaron antes de la adolescencia. En un club nocturno de East St. Louis, conoció a un cantante de R&B de cierta nota que hizo algo que pocas personas habían hecho con respecto a Bullock: vio su potencial como estrella.

Él la moldeó, la rehizo según las especificaciones de su mirada y sus deseos, y la rebautizó como Tina Turner. Ella lo llevó a un nivel de estrellato que nunca había conocido y usó horribles abusos de todo tipo para asegurarse de que este éxito, del cual él sabía que ella era la verdadera autora, siguiera siendo su control. Pero ella declaró su independencia, fatídicamente durante la celebración del Bicentenario de la nación. Se fue sin nada más que su nombre y su talento y el conocimiento de quién era y eso fue suficiente para que Tina Turner conquistara el mundo por su cuenta.

No sería fácil. Puso su mirada en el mundo del rock en la era disco, un escenario lejos de dar la bienvenida a las mujeres negras, especialmente a las mujeres negras que tenían el ojo puesto en un trono.

Casi me sorprendió darme cuenta de la escasez de su trabajo cinematográfico. En primer lugar, fue su actuación deslumbrante en la película de Ken Russell de “Tommy” de The Who como Acid Queen. Quien se acerque a este papel a partir de ahora tendrá que encontrar una manera de interpretarlo que no esté a la sombra de Turner, lo cual no es poca cosa. Ella encarna sin miedo a esta diosa pagana dionisíaca con la misma ferocidad que la había llevado al estrellato. Sensual, seductora, atronadora.

Recientemente vi dos nuevos documentales biográficos sobre cantantes afroamericanos icónicos que liberaron a sus oyentes incluso cuando ellos mismos luchaban por liberarse de la culpa y la vergüenza que les había inculcado una infancia asistiendo a la iglesia sobre el libertinaje de sus personalidades artísticas. En muchos sentidos, los artistas afroamericanos se forjan en este crisol de lo sagrado y lo profano y tienen que encontrar la forma de reconciliar los dos impulsos en su arte. Si Tina Turner tuvo problemas con esto, se lo guardó para sí misma. Pero según todas las apariencias, ella no sufrió este tormento que surge cuando la fe y el arte chocan. Cabe señalar que, como casi todos los de su generación, Turner comenzó a cantar en la Iglesia Negra, pero lo dejó atrás temprano; El budismo, no el cristianismo, fue la fe a la que recurrió, reclamando la fuerza necesaria para dejar a su primer marido y salvar su vida.

By Sandra Winters

Writer | Author | Wordsmith Passionate about crafting stories that captivate and inspire. Published author of [Book Title]. Dedicated to exploring the depths of human emotions and experiences through the power of words. Join me on this literary journey as we delve into the realms of imagination and uncover the beauty of storytelling.