Tue. May 17th, 2022

Todos esos elementos cobran vida en la interpretación ostentosa de Abbott del individuo en conflicto, una persona mentalmente asediada con un chip justo en su hombro debido a la injusticia de su infancia, pero que no es del todo antipático con quienes lo rodean. Junto con su papel principal en “James White”, otra película independiente en la que un joven lucha contra turbulencias internas de un tipo diferente, esta se erige como una de las actuaciones más notables de Abbott, tan indeleble en su extravagancia errática y estallido de seriedad cautelosa porque juega frente al desmoronamiento más moderado de Carmichael.

“Es como si tus ojos tristes tuvieran un propósito de repente”, le dice Val a Kevin mientras sube a un elevador hacia lo que este último espera sea un ajuste de cuentas fatídico para un gran villano de su pasado. Más tarde, Val se encuentra con una figura pendenciera propia: su novia y futura madre de su hijo, Nat (interpretada por una maravillosamente severa Tiffany Haddish).

A lo largo de esta espantosa aventura, Katcher y Welch se toman el tiempo para extraer la ligereza de la irónica autoconciencia de Kevin sobre su postura hipócrita sobre el control de armas mientras sostiene un arma de fuego con la intención de desplegarla, su determinación insuficiente para hablar sobre raza con Val, y los muchos instancias en las que Val debe controlar su “viaje de alegría” al infierno. Tan extraño como el tono debería aterrizar en el papel, “On the Count of Three” presenta repetidamente momentos dignos de risa, si no es que divertidos.

Entrelazados con las bromas llenas de blasfemias que centran la molestia de Val con el comportamiento de Kevin, lo que podría llevarnos a pensar que su relación permanece en la superficie, hay intercambios profundamente conmovedores que demuestran lo contrario. Por ejemplo, a la mitad de su escapada mortal, Kevin agradece a Val por tratar siempre de animarlo. Su contraparte responde con la sugerencia de que donde se encuentran significa que sus esfuerzos fueron en vano. Esas gotitas de lucidez dolorosa ayudan a que la película trascienda el ámbito de la mera provocación.

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